¡Bienvenidos a nuestra ruta por la Costa da Morte en autocaravana!
Galicia nos tiene enamorados desde hace años, y desde nuestro primer viaje juntos decidimos visitar esta tierra una vez al año. En este caso decidimos poner rumbo a descubrir la Costa da Morte, el corazón salvaje de Galicia. Lo que nos encontramos fue una combinación perfecta de ciudades vibrantes, naturaleza y playas indómitas. Nos atrapó de tal manera con su belleza salvaje que decidimos olvidar la ruta que teníamos pensada, ralentizar el viaje y simplemente dejarnos llevar para exprimir cada rincón al máximo.

A continuación, te detallamos nuestro itinerario día a día y los puntos clave que descubrimos en esta aventura sobre ruedas. Si estás planeando dejarte seducir por este rincón de Galicia, toma nota de nuestra experiencia y de todos los consejos prácticos que hemos preparado para que tu viaje sea perfecto. ¡Arrancamos!

Aquí te detallamos los puntos clave de nuestra ruta para que te sirvan de inspiración. Viajamos muy despacio, priorizando el relax y el tiempo frente al mar, por lo que verás un itinerario diseñado para saborear Galicia con calma.
La mejor forma de conocer un lugar es a través de rutas guiadas o actividades, nosotros siempre confiamos en Civitatis para realizarlas ¡echa un vistazo a las que hay en Galicia!
Día 1: Betanzos – Coruña
Salimos temprano desde Cantabria con la autocaravana bien cargada. El viaje se nos hizo ameno y, tras cruzar la frontera gallega, nuestra primera parada fue Betanzos, antigua capital del Reino de Galicia.
Seguro que conoces Betanzos por su famosa tortilla, pero nos quedamos con las ganas: estando embarazada, el huevo tan poco cuajado no era una opción, así que nos prometimos allí mismo que volveremos en el futuro para darnos el homenaje que se merece. Aun así, el pueblo nos compensó con creces con su patrimonio. Paseamos por el casco histórico, entramos por la Porta da Vila y nos perdimos por sus calles en cuesta. Lo que más nos impresionó fue la Iglesia de San Francisco; tienes que entrar para ver el sepulcro de Fernán Pérez de Andrade. Es una pieza del gótico gallego alucinante. Justo al lado está la Iglesia de Santa María do Azougue.

A media tarde, nos dirigimos a A Coruña. Aparcamos la autocaravana en el Aparcadoiro Aquarium Finisterrae dónde pernoctamos y como está muy cerca de la Torre de Hércules, nos fuimos a dar el primer paseo por la ciudad. El viento soplaba, por lo que no pudimos subir a la parte superior por seguridad, pero el paseo por el Parque Escultórico (viendo la Rosa de los Vientos y los Menhires) fue espectacular. Ver el mar romper contra los acantilados con esa intensidad te hace sentir muy pequeño.
Día 2: A Coruña
Despertamos con el sonido del mar y dedicamos el día entero a explorar A Coruña. Es una ciudad que se siente viva, con un equilibrio perfecto entre su historia marinera y su elegancia moderna. Empezamos perdiéndonos por sus calles estrechas y empedradas. Lo que más nos gustó fue la Plaza de Azcárraga, con sus fresnos centenarios que te hacen sentir en otra época, y la Iglesia de Santiago, el templo más antiguo de la ciudad. También nos asomamos al Jardín de San Carlos, un rincón súper romántico donde está la tumba del General Moore y un mirador con unas vistas preciosas al puerto y al Castillo de San Antón. Visitamos la Plaza de María Pita, el corazón de la ciudad. Nos impresionó el tamaño del Palacio Municipal y la estatua de la heroína local. Desde allí, cruzamos hacia la zona de La Marina para ver de cerca las famosas galerías de cristal; es fácil entender por qué la llaman la «Ciudad de Cristal» cuando el sol se refleja en esos ventanales.

Para comer fuimos a la Pulpería de Melide y fue un acierto total. ¡Nos encantó! Pedimos, como no podía ser de otra forma, el pulpo á feira, que estaba en su punto perfecto. El ambiente es auténtico y el producto es de primera; si vais a Coruña, es parada obligatoria.
Volvimos hacia la autocaravana recorriendo un trozo del Paseo Marítimo, viendo cómo las olas bañaban las playas de Riazor y Orzán Como aún era pronto y hacía buenísimo, bajamos a la Playa de las Lapas, que está justo al lado de la Torre de Hércules. Es una cala recogida y preciosa. Disfrutamos de un rato de playa increíble con una perspectiva única del faro desde la arena. Estar allí sentados, con la mole de piedra vigilándonos y el azul del mar, fue de lo más especial del día. Coruña nos dejó con el corazón lleno (y el estómago también).
Día 3: Malpica de Bergantiños – Punta Pedra de Areas – Playa de Seiruga – Faro de Punta Nariga – Praia da Ermida
Dejamos atrás la comodidad de A Coruña para adentrarnos en la verdadera esencia de la Costa da Morte. Nuestra primera parada fue para disfrutar del Mirador Ventana al Atlántico, situado en el entorno de O Portiño, este lugar es mágico. Es una escultura de piedra en forma de ventana circular que encuadra perfectamente el horizonte y las Islas de San Pedro. Estar allí, asomados a ese «agujero» de piedra con el azul intenso del mar de fondo, fue el prólogo perfecto para lo que nos esperaba. Es una foto imprescindible y un sitio de una paz increíble antes de seguir la ruta.

Continuamos hacia Malpica, que nos cautivó de inmediato. Es el ejemplo perfecto de pueblo marinero gallego: casas que parecen amontonarse unas sobre otras para no caer al mar y un puerto con muchísima vida. Paseamos por el barrio de pescadores, con sus calles estrechas y empinadas, y bajamos al puerto para ver cómo descargaban el pescado. No os perdáis la vista desde el Muro del Puerto, donde se ve toda la ensenada y las Islas Sisargas justo enfrente. Esas islas son una reserva natural de aves increíble y, con el día tan claro que teníamos, se veían cerca.

Siguiendo las recomendaciones y las colas que se habían formado, fuimos a la Panadería Forno Novo. Compramos un par de empanadas: una de bacalao y otra de pulpo. ¡Estaban espectaculares! Nos las llevamos para comer tranquilamente disfrutando del ambiente marinero. No hay mejor plan en Galicia que comer una empanada artesana de ese nivel frente al mar.
Después de comer, nos pusimos de nuevo en marcha hacia Punta Pedra de Areas y subimos hasta la Ermita de San Adrián. Desde allí, la panorámica de Malpica con las Islas Sisargas de fondo es, sencillamente, una imagen que quita el sentido.
Tras el momento de tensión en la carretera, buscamos la calma en la Playa de Seiruga, al viajar sin prisas y con este tiempo tan increíble, nos dedicamos a pasar horas disfrutando de la playa. Es un paraíso salvaje de agua cristalina que, bajo el sol de ese día, lucía impresionante. Fue el momento de relax que necesitábamos. Terminamos el día visitando el Faro de Punta Nariga el diseño de este faro vanguardista imita la proa de un barco y la escultura del «Atlante» preside el acantilado. Lo más increíble es caminar entre las rocas de los alrededores; el viento y el salitre las han moldeado con formas caprichosas que parecen sacadas de otro planeta.

Para cerrar el día, pusimos rumbo a la Praia da Ermida. Es un lugar fantástico y muy tranquilo para pernoctar en autocaravana, rodeado de pinos.
Día 4: Mirador de Monte Blanco – Castro de Borneiro -Laxe – Playa de los Cristales – Playa de Soesto
Si el día anterior fue intenso, este lo dedicamos a saborear la costa con una calma absoluta. El sol seguía acompañándonos, así que decidimos que no había mejor plan que dedicarle tiempo a los miradores y, sobre todo, a las playas.

Empezamos la mañana subiendo al Mirador de Monte Blanco, la subida merece muchísimo la pena porque desde arriba tienes una de las vistas más famosas de Galicia. Es un lugar que te deja sin palabras y donde te das cuenta de lo salvaje que es esta tierra. Para darle un toque histórico al viaje, visitamos el castro de Borneiro, un asentamiento de la Edad del Hierro. Es fascinante imaginar cómo vivían allí arriba, con esas vistas privilegiadas, hace miles de años.

Llegamos a Laxe, un pueblo marinero precioso con una playa urbana de arena blanca y fina que parece harina. Sus calles estrechas te llevan hasta la Iglesia de Santa María da Atalaia, una joya del siglo XV que servía de vigía contra los piratas. Es un pueblo que invita a caminarlo despacio, descubriendo sus plazas y la arquitectura típica de la zona.
La tarde la pasamos en la Playa de los Cristales, esta playa es famosa por sus pequeños cristales pulidos por el mar, pero lo que hizo nuestra visita inolvidable no fue solo su singularidad. Lo mejor fue que estuvimos muchísimo tiempo allí, casi solos, disfrutando de ella con total tranquilidad. ¡Un auténtico lujo!

Para acabar el día nos acercamos a la Playa de Soesto, un paraíso virgen y salvaje. Es el lugar perfecto para pernoctar con la autocaravana; allí, rodeados de dunas y con el sonido constante del Atlántico, vimos cómo se ocultaba el sol en uno de los atardeceres más bonitos del viaje.

Día 5: Camelle – Cementerio de los ingleses – Faro Vilán – Camariñas – Playa do Lago
Este fue, sin duda, el día más intenso del viaje. Nuestra primera parada fue Camelle. Visitamos el legado de «Man, el alemán de Camelle» y es sencillamente espectacular. Ver sus esculturas de piedra y formas orgánicas integradas en el espigón es algo único. Es una obra de arte al aire libre que transmite una paz y un misterio muy especiales.

Continuamos la ruta hacia este lugar sagrado y sobrecogedor. El cementerio nos encantó por su ubicación salvaje. Justo al lado está la Playa de Trece, con sus dunas rampantes que son de las más altas de Europa.
Aviso para autocaravanas: La pista es complicada. La carretera de tierra es muy bacheada y estrecha; hay que ir con mucha paciencia.
Después visitamos el imponente Faro Vilán, una mole que se levanta sobre un peñón rocoso. Las vistas desde aquí son de las más potentes de la Costa da Morte, con el mar rompiendo con una fuerza brutal. Bajamos al pueblo de Camariñas, famoso por el encaje de bolillos. Aprovechamos para reponer fuerzas en el Restaurante Praia de Cansorro y fue un acierto total: producto fresco y un trato excelente. ¡Comimos de maravilla!

Después de comer, pusimos rumbo hacia la Playa da Barreira. Nos metimos por una pista de tierra sin ver una señal que (luego supimos) prohibía el acceso a autocaravanas. El terreno y la pendiente fueron una trampa mortal para nuestro vehículo. El embrague se llevó tal calentón que el olor y la tensión de no saber si saldríamos de allí nos dejaron agotados. Fue el momento más crítico y angustioso de todo el viaje. Con el embrague «tocado» y nosotros todavía temblando por la tensión, decidimos que lo mejor era terminar el día en el Camping O Paraíso. Necesitábamos parar. Para desconectar después de un día tan ajetreado y tensionado, nos fuimos a la playa de enfrente, do Lago. Caminar por la arena con el sonido del mar fue la mejor terapia para relajarnos y asimilar que, por suerte, todo había quedado en un susto.

Día 6: Muxía – Playa de Lourido – Faro Touriñán – Playa de Nemiña -Calderas do Castro – Fisterra
Después de la noche de descanso en el camping, nos levantamos mucho más tranquilos. El embrague parecía haber recuperado el aliento y nosotros también, así que decidimos disfrutar del día.
Empezamos en Muxía, visitando el Santuario de la Virxe da Barca. Es un lugar mágico donde las rocas y el mar parecen fundirse con la iglesia. Cumplimos con el ritual de pasear entre la Pedra de Abalar y la Pedra dos Cadrís, sintiendo la energía de este rincón tan espiritual.

De camino, nos acercamos a la Playa de Lourido. Es una zona preciosa, estuvimos un rato disfrutando del entorno, pero como queríamos avanzar para ver otros lugares de la ruta, no nos demoramos demasiado y seguimos camino. Visitamos el Faro Touriñán, que es el verdadero punto más occidental de la España peninsular. Es un lugar austero y salvaje, sin el bullicio de otros faros, donde se siente la soledad del Atlántico en estado puro.

Para comer elegimos la zona de la Playa de Nemiña y paramos en O Saburil. Fue un acierto total: comida rica, trato cercano y ese ambiente tan especial que tiene para los que viajamos en casa con ruedas. Comer allí, con esa paz de fondo, nos sentó de maravilla.
Por la tarde nos fuimos hacia el interior, a Caldeiras do Castro. El entorno de cascadas y pozas naturales es una maravilla. Nos dimos un baño espectacular en sus aguas cristalinas; fue la mejor forma de desconectar y disfrutar de la naturaleza gallega en estado puro.

Terminamos el día en el Cabo Fisterra. Tuvimos la suerte de llegar justo para ver el atardecer desde el faro. Ver el sol ocultándose en el «fin del mundo» es una experiencia hipnótica que te hace olvidar cualquier contratiempo del viaje.

Día 7: Cascada de Ézaro – Playa Boca do Río – Carnota – Lira
Empezamos el día realizando la ruta de pasarelas de madera hasta la base de la cascada para sentir la fuerza del agua de cerca. Es un lugar único porque el Xallas es el único río de la Península que desemboca en forma de cascada. El agua se precipita desde unos 40 metros de altura sobre un pozo de granito de gran profundidad antes de seguir su curso hacia el Atlántico.

De allí nos fuimos directos a Playa Boca do Río, aprovechamos el buen tiempo para comer allí mismo, frente a la playa. Es un lugar idílico, con sus pozas de agua cristalina y lenguas de arena; no hay mejor «restaurante» que la mesa de nuestra autocaravana con esas vistas.

Dedicamos la tarde a conocer los dos hórreos más famosos de Galicia. Primero en Carnota, viendo su espectacular hórreo de casi 35 metros y el conjunto que forma con la iglesia de Santa Columba. Después seguimos hacia Lira, que tiene otro hórreo gigantesco situado sobre una plataforma rocosa con unas vistas preciosas. Es curioso ver la «competencia» que debió de existir antiguamente por ver quién lo construía más grande.

Día 8: Muros – Noia – Santiago de Compostela
Hoy el viaje cambió de ritmo. Dejamos atrás la costa más salvaje para adentrarnos en las rías y terminar en el corazón de Galicia. Empezamos recorriendo este pueblo, que es uno de los mejores conservados de Galicia. Nos encantó perdernos por su centro histórico, especialmente por la Rúa Real. Es fascinante ver sus casas con soportales de piedra; nos contaron que allí los marineros arreglaban las redes a cubierto y vendían el pescado directamente. Paseamos hasta el Mercado de Abastos para ver el ambiente local y subimos hacia la Colegiata de Santa María, que domina el pueblo desde lo alto con una presencia imponente.

Por la tarde, seguimos uestra ruta hacia Noia, la «Portus Apostoli». También dedicamos la tarde a pasear tranquilamente por su casco antiguo, que tiene una elegancia medieval increíble. Nos detuvimos en la Iglesia de San Martiño, en la plaza principal, y nos llamó mucho la atención que solo tiene una torre terminada (¡dicen que terminar la segunda trae mal de ojo!).

Fue un paseo muy relajante antes de dejar la costa definitivamente. Acabamos el día en Santiago de Compostela, al llegar fuimos directos al mirador del Paseo de la Herradura justo a tiempo para ver el atardecer desde allí. Es, sin duda, la mejor postal de Santiago.

Para cerrar el día, nos fuimos al corazón de la zona vieja para picar algo, estaba todo a tope pero encontramos sitio en el Bar Suso, dónde cenamos genial.
Día 9 y 10: Santiago de Compostela
Nuestros últimos días en Galicia los dedicamos a vivir Santiago con calma, cambiando el mapa de carreteras por el callejero empedrado de la zona vieja. Ya sin la autocaravana de por medio, nos sumergimos de lleno en la historia de la ciudad. Empezamos la mañana con un free tour, la mejor forma de descubrir que Santiago es mucho más que su Catedral. Paseamos por la Plaza de la Quintana (con su leyenda de la sombra del peregrino), admiramos la Plaza de Platerías y nos quedamos boquiabiertos ante la fachada de San Martín Pinario. También nos acercamos al Mercado de Abastos, un festival de colores y olores donde el producto gallego es el auténtico protagonista. Para comer nos dirigimos a la Rúa de San Pedro, justo donde entra el Camino Francés a la ciudad. El sitio elegido fue O Dezaseis, y fue un acierto absoluto. Es una antigua casa de comidas rehabilitada donde la piedra y la madera crean un ambiente acogedor. Comimos de maravilla fue, sin duda, el gran homenaje gastronómico del viaje.

Tras la sobremesa, dedicamos la tarde a lo que más nos gusta: vagar sin rumbo fijo. Nos perdimos por las rúas estrechas, entrando en pequeñas tiendas de artesanía de azabache, escuchando el eco de las gaitas bajo los soportales y viendo la emoción de los peregrinos que llegaban exhaustos pero felices. Santiago tiene una magia que te invita a caminar despacio, simplemente disfrutando del ambiente.
Llegó el último día, pero antes de poner rumbo a casa, nos quedaba cumplir con los rituales imprescindibles que cierran cualquier viaje a esta tierra. Empezamos temprano para disfrutar de la plaza del Obradoiro, rodeados por la Catedral, el Hostal de los Reyes Católicos y el Palacio de Raxoi. Es el kilómetro cero de tantas emociones y el sitio perfecto para asimilar todo lo vivido en estos diez días.

Entramos finalmente en la Catedral. Recorrer sus naves, admirar el Altar Mayor y sentir ese silencio cargado de historia. Es un edificio sobrecogedor que impresiona por su escala y por la energía que transmite, un broche a nuestra ruta.
Con el corazón lleno de recuerdos de la Costa da Morte pusimos rumbo definitivo hacia casa. Fueron días de libertad total, superando algún que otro susto mecánico, pero disfrutando de una de las rutas más bonitas que se pueden hacer sobre ruedas.

¿Nuestra fórmula para dormir en ruta? Park4night y Furgoperfecto para los lugares más salvajes, y áreas o campings para esos momentos de confort necesarios (duchas, lavandería, etc.). Si buscas sitios de confianza, toma nota de dónde pernoctamos nosotros:
- Acuario de A Coruña: Dormir aquí es un lujo urbano. Es un aparcamiento frente al mar, justo al lado de la Torre de Hércules.
- Playa da Ermida: Un rincón de paz absoluta. Este parking está a pie de playa y es ideal para quienes buscan tranquilidad total fuera de los circuitos más masificados.
- Playa de Soesto: Es el paraíso de los surfistas y uno de nuestros lugares favoritos. Es un entorno virgen, rodeado de dunas y naturaleza salvaje.
- Camping O Paraíso: Haciendo honor a su nombre, este camping fue perfecto para hacer una parada técnica y descansar. Está situado en un entorno verde precioso.
- Fisterra: Pernoctar en el «Fin del Mundo» es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida. Nosotros nos quedamos cerca del puerto.
- Playa de Lariño: Dormir junto al faro de Lariño es una experiencia increíble. Es una zona de playas interminables de arena blanca y aguas cristalinas.
- Campus Santiago de Compostela: La opción más práctica para visitar la capital gallega. Es un parking amplio y nivelado, muy utilizado por furgos y autocaravanas, situado a unos 15-20 minutos a pie de la Catedral.

¿No viajas en furgoneta? ¡No hay problema! La zona tiene alojamientos increíbles. Nosotros siempre echamos un ojo en Booking o Airbnb para encontrar el apartamento o hotel que mejor encaje con el plan.

El mejor consejo que podemos darte: no te la juegues. Ya sea por una cancelación o un imprevisto médico, nosotros siempre viajamos con IATI. Es el seguro más completo y fácil de usar. Elige la modalidad que mejor te encaje y aprovecha nuestro 5% de descuento exclusivo.
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Y hasta aquí nuestra ruta por la Costa da Morte en autocaravana. ¿Qué te ha parecido esta ruta? ¿Ya conoces algún rincón de este litoral? No deja de asombrarnos la cantidad de tesoros que tenemos tan cerca de casa. ¡Galicia nunca deja de sorprender!

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